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Organon de Medicina- Pár. 1-8

09 de agosto del 2013

Párrafo 1
La principal y más elevada misión del médico es la de restablecer la salud en sus enfermos, que es lo que se llama curar.

Párrafo 2
El ideal de un tratamiento es restablecer la salud de manera rápida, suave y permanente, o quitar  y  destruir  toda  la  enfermedad  por  el  camino  más  corto,  más  seguro  y  menos perjudicial, basándose en principios de fácil comprensión.

Párrafo 3
Si el médico percibe con claridad lo que debe curar en las enfermedades, es decir, en cada caso  patológico  individual;  si  percibe  claramente  lo  que  hay  de  curativo  en  cada medicamento en particular; y si sabe cómo adaptar, conforme a principios perfectamente definidos, lo que hay de curativo en los medicamentos a lo que ha descubierto que hay indudablemente de morboso en el paciente de modo que venga el restablecimiento - si sabe también elegir de manera conveniente, el medicamento más apropiado según su modo de obrar al caso que se le presenta, así como también la dosis más conveniente, vele decir el modo exacto de preparación y cantidad requerida, y el periodo adecuado para repetir la dosis; - si, por último, conoce los obstáculos para el restablecimiento en cada caso y es hábil para removerlos, de modo que dicho restablecimiento sea permanente: entonces habrá comprendido la manera de curar juiciosa y racionalmente y será un verdadero médico.

Párrafo 4
Es igualmente un conservador de la salud si conoce las causas que la trastornan y las que dan origen a la enfermedad, y sabe apartarlas de las personas sanas.

Párrafo 5
Es útil al médico, pues le ayuda en la curación, todo lo que se relaciona con la causa excitante u ocasional, más probable de la enfermedad aguda, así como también los puntos más  importantes  en  la  historia  de  la  enfermedad  crónica,  que  le  ponen  en  aptitud  de descubrir la causa fundamental, que generalmente es debida a un miasma crónico. En estas investigaciones,  especialmente  en  las  enfermedades  crónicas,  debe  tomarse  en consideración  todo  lo que  pueda  averiguarse  de  la  constitución  física  del  paciente,  su carácter moral e intelectual, su ocupación, modo de vivir y costumbres, sus relaciones sociales y domésticas, su edad, funcionamiento sexual, etc.

Párrafo 6
El observador exento de prejuicios bien enterado de la futileza de las especulaciones transcendentales que no son confirmadas por la experiencia- por grande que sea su poder de penetración o perspicacia, no puede notar en cada enfermedad individual nada más que los cambios en la alud del cuerpo y de la mente (fenómenos morbosos, accidentes, síntomas), que  pueden  ser  percibidos  por  medio  de  los  sentidos;  es  decir,  nota  solamente  las desviaciones del estado primitivo de salud del individuo ahora enfermo, que son sentidas por el paciente mismo, observadas por los que le rodean y por el médico. Este conjunto de signos perceptibles representa la enfermedad toda, es decir, juntos forman la verdadera y única imagen de la enfermedad.

Párrafo 7
Ahora bien, como en una enfermedad, de la cual no haya causa excitante o sostenedora evidente, que remover (causa ocasionales), no podemos percibir nada más que los síntomas, deben (teniendo en cuenta la posibilidad de un miasma y las circunstancias accesorias) ser sólo ellos el medio por el cual la enfermedad pide e indica el remedio conveniente para aliviar; y aún más, la totalidad de los síntomas, de esta imagen reflejada al exterior de la esencia interior de la enfermedad, es decir, de la afección de la fuerza vital, debe ser el principal y único medio por el cual la enfermedad da a conocer el remedio que necesita, la sola cosa que determina la elección del remedio más apropiado, y así, en una palabra, la totalidad de los síntomas  debe ser la principal y verdaderamente  única cosa de que el médico debe ocuparse en cada caso de enfermedad y removerla por medio de su arte, de modo que transforme en salud la enfermedad.

Párrafo 8
No se concibe, ni podía probarse por ninguna experiencia en el mundo, que después de la remoción de todos los síntomas de la enfermedad y de todo el conjunto de accidentes perceptibles, quede o pueda quedar otra cosa que la salud, o que la alteración morbosa del interior del cuerpo quede sin destruirse.

 

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